Griselda Gambaro fue una de las voces fundamentales de la cultura argentina, y porque eligió pintar tan bien su aldea, su voz tiene resonancia mundial. Decimos “voz” y hablamos de “pintura” en esta especie de sinestesia que mezcla los sentidos e intenta reunir en una imagen una multiplicidad de valores estéticos: la voz personal que narra y sella las condiciones de un autor, la capacidad de representar un espacio simbólico y una geografía, y el arte de desplegar escena dramática ante los ojos expectantes.

Griselda Gambaro fue periodista, narradora y dramaturga; pero sobre todo, fue la voz y la pluma que renovaron las formas de hacer teatro a partir de la conflictiva década del ’70 en la Argentina. Su obra, supo reunir ética y estética, para convertirse en una obra política sin concesiones. Desde “El desatino” (1965) hasta “El don” (2015) en su producción teatral, pasando por “Ganarse la muerte”, novela por la que se ganó el exilio (1976), la arquitectura de Gambaro fue sólida como un gran edificio y frondosa como un bosque vivo.
A la Universidad Nacional de las Artes la honra haberle concedido el título de Doctora Honoris Causa en 2011, y tenerla como guía y referencia obligada en sus Programas de estudio, Bibliografía, Proyectos de investigación porque es una figura ineludible para la creación literaria en general y las artes escénicas en especial.
La UNA se conmueve por esta circunstancial ausencia física de la Gambaro, pero sabe que permanece para siempre entre nosotrxs.